ARA Independencia: el primer portaaviones argentino y la escuela flotante de la aviación naval

Durante una década clave del siglo XX, la Armada Argentina operó una de las plataformas más complejas y simbólicas de su historia: el ARA Independencia, el primer portaaviones que tuvo el país. Este buque no solo amplió las capacidades operativas de la Flota de Mar, sino que se convirtió en una verdadera escuela de formación para generaciones de pilotos navales.
Con más de 220 metros de eslora, un desplazamiento superior a las 19.000 toneladas y la capacidad de operar más de 20 aeronaves, el Independencia fue, en los hechos, una pista de aviación móvil que recorrió miles de millas del Atlántico Sur entre 1959 y 1969.
De la Royal Navy a la Armada Argentina
El buque fue construido en Belfast, Irlanda del Norte, y botado en enero de 1946 para la Royal Navy, donde prestó servicio bajo el nombre HMS Warrior. Formó parte de la flota británica durante más de una década, incluso participando en misiones científicas y operativas de alto perfil, como tareas de medición de radiactividad en el Pacífico en los años 50.

A fines de esa década, la Argentina inició negociaciones para su adquisición. La compra se concretó en septiembre de 1958, durante la presidencia de Arturo Frondizi, mediante un decreto que también definió su nuevo nombre: ARA Independencia, en referencia directa a uno de los valores fundacionales de la Nación.
Para concretar la operación, la Armada vendió unidades históricas como los exacorazados Moreno y Rivadavia, una decisión que marcó un punto de inflexión en la modernización naval.
Una necesidad estratégica: aviación embarcada

Desde principios del siglo XX, la Armada Argentina ya operaba aeronaves embarcadas en acorazados y cruceros. Sin embargo, esos medios seguían dependiendo de bases en tierra. A medida que las operaciones navales se alejaban de la costa, la limitación se volvía evidente.
El portaaviones resolvía ese problema: permitía proyectar poder aéreo desde el mar, sostener operaciones prolongadas y entrenar tripulaciones en un entorno real. La incorporación del ARA Independencia respondió a esa necesidad estratégica, alineada con las doctrinas navales que ya aplicaban Estados Unidos, Gran Bretaña y otras potencias desde la década del 30.
Llegada al país y primeros años de operación

El buque zarpó desde Portsmouth el 10 de noviembre de 1958, con una tripulación inicial de unos 500 hombres, y arribó a la Base Naval Puerto Belgrano a fines de ese mismo mes, escoltado por otras unidades de la flota y recibido con salvas de honor.
Su primer comandante fue el capitán de navío Carlos Sánchez Sañudo, y el pabellón nacional fue izado oficialmente el 4 de noviembre de 1958 en territorio británico, antes de iniciar el cruce del Atlántico.
Innovación clave: la pista de aterrizaje angulada

Uno de los aspectos más destacados del ARA Independencia fue su cubierta de aterrizaje angulada, una innovación revolucionaria para la época. En lugar de una pista recta, el eje de aterrizaje presentaba un ángulo de aproximadamente 6 grados, lo que reducía drásticamente el riesgo de colisión en caso de una toma fallida.
Este diseño permitió separar las zonas de aterrizaje y estacionamiento de aeronaves, una solución que luego se convertiría en estándar en los portaaviones modernos.
Cómo se operaba un portaaviones
El sistema de frenado utilizaba seis cables de detención, que los pilotos debían enganchar mediante un gancho ventral. El objetivo era interceptar uno de los cables centrales, que absorbían la energía del avión a través de un complejo sistema mecánico ubicado bajo la cubierta.

En despegues asistidos, la catapulta hidráulica permitía acelerar una aeronave desde cero hasta unos 200 km/h en apenas 50 metros, un proceso que exigía máxima coordinación entre piloto, señalero y personal de cubierta.
El grupo aéreo embarcado
A lo largo de su vida operativa, el ARA Independencia embarcó distintos modelos de aeronaves, entre ellos:
SNJ-5 Texan, utilizados para entrenamiento

Vought F4U Corsair, aviones de ataque

Grumman S-2A Tracker, antisubmarinos

Grumman Panther y Cougar, reactores de transición
Helicópteros Sikorsky S-55

En total, el buque podía operar entre 20 y 22 aeronaves, dependiendo de la configuración.
Vida a bordo: una máquina que no se detiene
Vivir en un portaaviones implicaba convivir en un espacio reducido, altamente organizado y activo las 24 horas del día. Operaciones aéreas, mantenimiento, abastecimiento de combustible, control de máquinas y logística se desarrollaban de forma continua, tanto en ejercicios como en navegación rutinaria.
La formación de una tripulación completamente apta para operar un buque de este tipo demandaba entre tres y cuatro años, un proceso largo y exigente que convertía al Independencia en una verdadera escuela flotante.
Ejercicios, cine y final de servicio
El portaaviones participó en múltiples maniobras conjuntas, tanto nacionales como internacionales, incluyendo los Operativos Unitas y ejercicios combinados con la Royal Navy y otras marinas regionales. También fue escenario del Operativo Caimán en 1964, un ejercicio de desembarco en el Golfo Nuevo.
Además, el buque trascendió lo militar al convertirse en escenario de la película “La muchachada de a bordo” (1967), una comedia protagonizada por Carlitos Balá y Leo Dan.
Con la incorporación del ARA 25 de Mayo en 1969, un portaaviones más moderno y mejor equipado, el Independencia fue retirado del servicio y enviado a desguace en Rosario, donde gran parte de su estructura fue reutilizada por la industria siderúrgica.
Aunque la Argentina no opera portaaviones casi desde los años 2000, el debate sobre su importancia estratégica sigue vigente. El país posee una zona marítima de interés equivalente a su territorio continental, y la capacidad de operar y proteger ese espacio continúa siendo un desafío central para la defensa nacional.
El ARA Independencia dejó algo más que acero y recuerdos: dejó doctrina, experiencia y una generación de marinos que aprendieron a operar en uno de los entornos más complejos que existen.
Escrito por
Gabriel Alvarez
Creador de Pilotos de Argentina
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